“Santa
Rosa de Lima
es, ante
todo, modelo
de santidad
para todo
cristiano”,
dijo a
CHAJARI AL
DIA el
titular de
la Diócesis
de
Concordia,
Monseñor
Luis Armando
Collazuol,
quien el
jueves, día
de la
Patrona de
Chajarí,
presidió los
actos que se
realizaron
por ese
motivo en
esta ciudad.
Collazuol
manifestó
que “en los
albores de
nuestra vida
en América,
después de
la etapa de
la
colonización,
surgió en
Lima la
figura de
Santa Rosa,
y lo hizo
con ese
espíritu de
gran
oración, de
sacrificio y
de caridad
extrema por
los demás”,
agregando:
“Santa
Rosa fue una
imitación de
Jesús en su
vida de
cruz, y
también lo
fue en su
generosidad
y su entrega
para los
pobres”,
dijo y
agregó que
“por eso
creo que
hoy, donde
se nos
presentan
solamente
modelos de
vida que
apuntan al
estar bien,
al
consumismo y
al
individualismo
cerrado
sobre sí, es
bueno mirar
estos
modelos de
santidad que
nos hacen
pensar en
los demás,
en los que
tienen
menos, en
los que
sufren, en
los pobres,
y hacerlo
desde una
imitación
del amor de
Jesús”,
asegurando
que “Santa
Rosa nos
está
estimulando
a esto”.
“Conozco
muchísima
gente con
ganas de
servir al
hermano”,
destacó el
obispo,
acotando que
se
encuentran
“en la
Pastoral de
la salud, en
la Pastoral
penitenciaria,
en Cáritas,
en el
servicio a
los pobres,
en miles de
voluntariados
y en el
espíritu de
oración”.
“Tratan de
hacer algo”
destacó, al
tiempo que
dijo: “No sé
si esto se
ve -no se
hace para
que se vea-
y tal vez la
percepción
sea otra,
pero conozco
mucha gente
que está
dando
muchísimo de
sí por sus
hermanos y
va uniendo
lo suyo al
sacrificio
redentor de
Jesús”.
Consultado
sobre si
aquella
santidad de
Rosa de Lima
podría darse
en estos
días, el
Obispo
apuntó que
“la santidad
no tiene un
modelo
único”,
destacando
que “la
santidad,
para todo
cristiano,
es el
llamado de
Dios a vivir
la plenitud
del amor a
Dios y al
prójimo,
pero el modo
de vivirlo
es distinto
para el
consagrado,
para el
sacerdote,
para el
hombre
casado, para
el
trabajador,
para el
docente,
para el
niño, para
el joven,
para el que
ejerce una
función
pública; o
sea, hay
diversos
estados de
vida y
diversas
situaciones
por las
cuales el
modelo (de
Santa Rosa)
no se puede
repetir,
pero sí
puede
repetirse el
espíritu y
el ardor con
que se vive
ese amor, y
esto es a lo
que nos
estimulan
los santos:
no a repetir
sus gestos
particulares,
sino repetir
el espíritu
que los
animó”.
Finalmente,
Monseñor
Collazuol
dijo que
esto “es lo
que
necesitamos
hoy; esas
personalidad
fuertes que
sean capaces
de vivir su
vida desde
el amor a
Dios y el
amor al
prójimo”.
Fuente:
Chajarí al
Día
Tormenta de
Santa Rosa |
La tormenta de Santa
Rosa no se da en
todo el país: en el
Noroeste y Cuyo,
ocurre rara vez,
pero es frecuente en
el Litoral
argentino, Uruguay y
ciertas zonas de
Sudáfrica y
Australia.
¿De dónde proviene
el mito?
El 30 de agosto
de 1615, en Lima,
una laica muy
creyente, apodada
Rosa, encabezó el
ruego que la Iglesia
pidió hacer ante el
inminente arribo de
los holandeses que
desembarcarían para
exigir la rendición
de la ciudad y su
conversión al
calvinismo.
Mientras todos
tomaban las armas en
un intento vano de
repeler la invasión,
desde la capilla de
San Gerónimo, Rosa
elevó sus ruegos y
pronto una gran
tormenta hizo
naufragar a los
invasores. Como Lima
tiene un microclima
especial y casi
nunca llueve, los
sorprendidos fieles
le atribuyeron el
milagro a Rosa, que
en realidad se
llamaba Isabel
Flores de Oliva,
pero que había sido
apodada así por su
madre, en mérito a
su hermosura y el
color de sus
mejillas.
Aunque mística y
virginal, Rosa no
fue monja: vistió el
hábito laico de la
Tercera Orden
Franciscana del
Convento de Santo
Domingo y su voto de
clausura consistió
en recluírse en una
cabaña de adobe, en
el fondo de su casa,
donde atendía a toda
clase de
necesitados,
especialmente a
enfermos y mendigos.
La influencia del
Perú sobre el Río de
la Plata, provocó
allí una profunda
devoción por Santa
Rosa de Lima, hasta
el punto que en
Mendoza, un
departamento lleva
su nombre, a pesar
de que es raro que
allí se desate la
tormenta.
Nacida el 30
de abril de 1586,
Rosa falleció el 24
de agosto de 1617, a
los 31 años. El papa
Clemente IX la
beatificó el 12 de
marzo de 1668; el 11
de agosto de 1670,
su sucesor, Clemente
X, la declaró
Patrona de Lima y de
América, Filipinas e
Indias Occidentales;
y el 12 de abril de
1671, la santificó.
(Télam). |
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